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Levante-EMV
La maravillosa agua de l’Albufera
dimarts 31 de maig de 2011, per
En noticia aparecida en Levante-EMV, nuestra alcaldesa, en relación con las aguas de l’Albufera, declaraba: "Yo me acuerdo cómo estaba el agua, que algunas veces daba vergüenza, y ahora es una maravilla". Mire Sra. Alcaldesa, en el Parque Natural de l’Albufera suceden muchas cosas que causan admiración pero, justamente la calidad de sus aguas, no. Basta con acercarse a mirarla para observar que continua con ese aspecto de "sopa verde" que adquirió durante los años 70 del siglo pasado y que, aunque algo mejorado, sigue teniendo en la actualidad. Si fuera una maravilla, los habitantes del entorno volverían a bañarse como lo hicieron sus antepasados, volverían a beber el agua que manaba de sus "ullals", volverían a pescar especies que desaparecieron hace mucho.
Entiendo que nuestros representes políticos en las Administraciones no sean -no pueden serlo, aunque quisieran- expertos en cada una de las materias sobre las cuales deben de tomar decisiones, pero alguno de sus asesores sí debería saber algo más e informarla debidamente, que para eso les pagamos (los contribuyentes).
Dado que parece que no ha sido así, me tomo la libertad, desde mis humildes conocimientos de persona que lleva algún tiempo estudiando este ámbito, de aportarle sucintamente el estado de la cuestión. Técnicamente, las aguas de l’Albufera siguen en el estado hipertrófico en el que se instalaron desde principios de los años 1970, tuvo su momento más preocupante a mediados de los años 1980 y que ha mejorado levemente en los últimos años.
La "sopa verde" ya citada está formada por una cantidad de algas microscópicas (fitoplancton) tan elevada, que sus efectos sobre la calidad de las aguas son nefastos. El más visible es la pérdida de su transparencia: puede usted sumergir su brazo, que cuando llegue al codo dejará de ver su mano. Esta falta de luz impide el crecimiento de las plantas sumergidas que se extendían abundantemente por el lago hace 50 años; poderlas volver a ver sí que sería una auténtica maravilla.
Otros efectos negativos muy significativos son la ausencia de oxígeno disuelto por la noche en bastantes épocas del año; los elevados valores del pH durante el día; la acumulación en los sedimentos de abundante materia orgánica (y a partir de ahí otros muchos problemas); los cambios en la composición y estructura de los ecosistemas originales con el predominio de unas pocas especies de algas, algunas de ellas generadoras de sustancias tóxicas, y la escasez de zooplancton; la desaparición y reducción de especies (anguilas,lubinas, "petxinots")...
En resumen, es todo aquello que caracteriza un sistema altamente eutrofizado: lo tuvimos en nuestro lago y lo seguimos teniendo. Es un caso de libro, pero de los casos indeseables.
Por otro lado, que Levante-EMV conceda el premio Importante a l’Albufera representa, sin duda, un respaldo social significativo a quienes contribuyen a que el humedal haya mejorado en los últimos años "y que debe seguir mejorando en el futuro". Lo que no queda claro es que, aunque el lago es propiedad del ayuntamiento, muchas otras personas, particulares, organizaciones sin ánimo de lucro y otras Administraciones han contribuido a esta mejora.
Por tanto, sería más pertinente identificar la mejora de la calidad de las aguas que, efectivamente, se ha producido en los últimos años, no únicamente con el ayuntamiento sino también con iniciativas sumamente importantes que aparentemente se desconocen.
Mencionaré, a título meramente informativo, a otra de las Administraciones que tienen responsabilidad en la calidad de las aguas del lago: la Confederación Hidrográfica del Júcar (Ministerio de Medio Ambiente). Quizás la sociedad no sepa que en el año 2005 se concluyó un ambicioso estudio encargado por este organismo: el "Estudio para el Desarrollo Sostenible de l’Albufera de Valencia" -accesible a través de ña web de la CHJ-, en el cual participé. En los últimos seis años y a partir de este estudio, se han ido desarrollando una serie de actuaciones de gran envergadura cuya finalidad última es mejorar la calidad de las aguas del lago. Algunas de ellas están acabadas y operando, otras aún en fase de obra.
Estimada Sra. Alcaldesa, espero no haberla desilusionado. A todos nos gustaría suscribir su frase, pero aún no hemos llegado. Estamos en la senda y llegaremos. Quizás, no a como estaba el lago hace 50 años, pero sí a aquello que se le parezca lo más posible. Por ello y para ello ha trabajado mucha gente, trabaja y lo hará en un futuro.
Mi escrito es una llamada de atención para recordarle que no se puede mejorar lo que no se sabe que está mal, y las aguas de l’Albufera están mal, y para instarle a conocer lo que hacen las Administraciones autonómica y central para, entre todos y de una manera coordinada, mejorar la salud de nuestro lago.
Miguel Martín Monerris, profesor titular de la Universitat Politècnica de València (UPV).
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